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Leseprobe Mittelstufe (ab B1)

Leseproben

Meine Kurzgeschichten bieten Dir die Möglichkeit Dein Spanisch beim Lesen zu festigen und zu verbessern.

Parallel zum Text findest Du die Übersetzungen von Vokabeln, damit Du bei der Geschichte nichts verpasst, und vor allem, damit Du Deinen Wortschatz verbreiterst. Demnächst wirst du auch einige Übungen finden, somit kommt auch die Grammatik nicht zu kurz.

Umgangssprache, Redewendungen und besondere Ausdrücke findest Du mitten in einem Kontext, so kann man sie am besten verstehen und lernen. Die Übersetzung steht Dir auch zur Verfügung.

Lust auf Lesen? Eine Leseprobe für den Anfang einer Kurzgeschichte findest du hier unten.

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Beispiel einer Kurzgeschichte (B1)

- Perspectivas


Einleitung

Martín sitzt beim Zahnarzt und fürchtet sich vor der Situation. Er ist besonders empfindlich auf jede Bewegung, jedes Wort und jeden Geruch im Saal und fühlt sich machtlos. Er versucht - allerdings ohne Erfolg - sich selbst zu beruhigen. Martín ist anerkannter Psychologe und hilft seinen Patientien, regelmäßig Ängste zu überstehen. Jedoch in diesem Moment, als er im Zahnarztstuhl sitzt, bringt ihm sein ganzes Wissen nicht viel...

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Capítulo 1

Por un lado, el problema es la perspectiva, sin duda. Una perspectiva
absurda, poco corriente, que le somete a una situación de inferioridad contra la que no puede luchar.
Por otro lado, el problema es tener la boca abierta y tan abierta... Además la boca,
habitada por tantos aparatos extraños que invaden todo el espacio, pierde cualquier posibilidad de expresión propia de un ser racional. Por último, está la imposibilidad de respirar profundamente y de este modo, tranquilizar el cuerpo y el espíritu con oxígeno.
Así piensa Martín mientras está sentado en la silla del dentista.

- Abra más la boca por favor, y no la cierre ni un milímetro.- Le dice el dentista sin inmutarse para nada.

La actitud del doctor Iglesias es como la de un cliente en una
zapatería que abre una caja para observar unos zapatos con toda la tranquilidad del mundo.

- Es un caso complicado, no hay espacio.- Aclara el doctor Iglesias a su asistente.
-¿Hacemos un tratamiento de flúor además de la limpieza dental?- Pregunta la asistente al dentista de forma rutinaria y sin interés.

Martín se siente
ignorado e impotente, nadie parece recordar que tras la boca hay un ser humano sentado en esa silla.

- Sí, hágalo y después prepare unas
tenazas especiales y la anestesia.- Ordena el Dr. Iglesias a su asistente, nuevamente sin inmutarse. A continuación se saca sus guantes de látex y sale de la sala. No regala una miradani a su paciente ni a su asistente. Su mente está muy lejos de allí... pero la de Martín no. Martín se siente encarcelado a esa silla y tiembla de miedo.
¿Miedo a qué?, se dice a
sí mismo. Él que es psicólogo y se pasa el día hablando de cómo vencer el miedo, ahora que lo siente en su propia piel, es incapaz de ayudarse a sí mismo. ¿Miedo al dolor físico?, ¿miedo a los errores que pueda cometer el dentista?, ¿miedo a ponerse en manos de un extraño?, o quizá es un miedo más profundo, más íntimo, el que tiene: el miedo a tomar falsas decisiones.
La asistente le coloca el aspirador debajo de la lengua y comienza su trabajo de limpieza, con el mismo interés que Rosita,
la mujer de la limpieza de Martín, limpia el Inodoro de su casa cada semana.

Martín es un hombre alto, muy alto y está acostumbrado a ver a los demás desde arriba. En la calle, en el metro, en el trabajo, en la compra, sus ojos siempre están a un nivel superior. Él ve a la gente desde un punto de vista especial. Él ve las
calvas; los hombros de las camisas mal planchados; los remolinos del cabello peinado con prisas, y la línea que delata al pelo teñido. Esa perspectiva, a la que él está acostumbrado, es casi de superioridad y le hace sentirse seguro y con ganas de comerse el mundo."Martín Santos Castaño: Psicoanálisis y terapia centrada en soluciones" pone en la placa que cuelga en la puerta de su consulta. A Martín le gusta su trabajo como psicólogo, con su actividad ayuda a muchas personas, mayoritariamente a mujeres de mediana edad, que acuden a él como abejas a la miel. Él se siente orgulloso de lo que hace. Trabaja bien, lo sabe y alimenta su ego con el sabor del trabajo bien hecho. El problema es la perspectiva- se dice de nuevo, mientras dos ojos mal maquillados, que se encuentran a pocos centímetros de los suyos, le miran desde ese irritante ángulo superior y se clavan de forma descarada dentro de su boca. El ruido del aspirador, los cepillos limpiadores dentales, la luz intensa que ilumina su boca y ciega sus ojos, la descarga de adrenalina interna y la imagen de la inyección de anestesia que ha retenido en su mente... ya no puede más, los ojos se le cierran y los oídos empiezan a silbar.
- Sr. Santos, Sr. Santos. ¿Qué le ocurre?. Dios mío, se ha desmayado...

El intenso olor a alcohol de quemar le
hace cosquillas en el interior de la nariz y Martín se despierta y abre un ojo lentamente. De repente, se da cuenta de que está tumbado en el suelo, con los pies algo elevados y sostenidos por la asistente del dentista.
-¡Sr. Santos!, ¡Sr. Santos!, ¿se encuentra usted mejor?,¡
manténgase tumbado hasta que se regularice su circulación sanguínea! - Le ordena nerviosa su improvisada enfermera.
- ¡Oh!, ¡que dolor de cabeza!, déjenme levantar por favor -
murmura Martín.
- Mire, lamentablemente
se ha golpeado usted en la cabeza cuando ha perdido el conocimiento, es normal que le duela. Por favor, no se levante todavía. ¡Espere unos minutos! - Le explica el Dr. Iglesias con rostro de preocupación.
- De acuerdo, esperaré un par de minutos, pero...¡
suéltenme ya los pies!


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Vocabulario Texto B1:
absurda: unsinnig
contra: gegen
luchar: kämpfen
habitada por: bewohnt
invaden (invadir): übergreifen
tranquilizar: beruhigend
inmutarse: ohne mit der Wimper zu zucken
zapatería: das Schuhgeschäft
ignorado: verkannt
impotente: machtlos
tenazas: die Zange
ordena (ordenar): befehlen
encarcelado: eingesperrt
tiembla (temblar): zittern
sí mismo: sich selbst
vencer: überwinden
incapaz: unfähig
ponerse en manos de: jemandem ausgeliefert sein
la mujer de la limpieza: die Putzfrau
la(s) calva (s): die Glatze
hombro(s) de las camisa(s): Schultern der Hemden
el/los remolino(s): der Haarwirbel


teñido
: gefärbt
la placa de la consulta: das Praxisschild
cuelga (colgar): hängen
se siente orgulloso: sich stolz fühlen
alimenta (alimentar): ernähren
maquillados: geschminkt
descarada: frech
ciega (cegar): blenden
se ha desmayado (desmayarse): bewusstlos werden
silbar: pfeifen
hacer cosquillas: kitzeln
interior: im Innern
de repente:
plötzlich
tumbado (tumbarse):
sich hingelegen
sostenido(s): gestützt
manténgase tumbado:
bleiben Sie liegen
improvisado/a: unvorbereitet
murmurar:
rauschen
golpearse: sich stoßen
perder el conocimiento: bewusstlos werden
rostro:
Gesicht, Miene
suéltenme (soltar): loslassen


Ejercicios de gramática y comprensión:

Gramática:

1. ¿Qué tiempo verbal domina en la narración?
2. ¿Conoces el presente de indicativo de los verbos:
ordenar, cegar, silbar, limpiar, sentirse, encontrarse temblar?, ¿qué tienen en común sentirse y encontrase?
3. ¿Puedes escribir un texto o algunas oraciones utilizando estos verbos en presente de indicativo?
4. ¿Has encontrado verbos en imperativo?, ¿cuáles?

Comprensión:
5. ¿Piensas que la perspectiva de visión desde la silla del dentista le es cómoda a Martín?
6. ¿Por qué tiene dolor de cabeza Martín, al final del capítulo?

Envíame tus respuestas por e.mail y te las devolveré corregidas.


Ejercicio de redacción:

7. ¡Escribe tu historia y envíamela!

Explícame tu experiencia en el dentista, intenta utilizar el vocabulario nuevo que has aprendido en este capítulo.

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Capítulo 2


La Semana Laboral

Eran las diez y tres minutos de un lunes gris en la gran ciudad. Un lunes de invierno, como cualquier otro. Martín estaba
despidiendo a Antonia, la primera visita de esa mañana y el dolor de cabeza, provocado por el golpe, aun le acompañaba. Antonia tenía la mirada ausente y escribía en su agenda su cita con Martín para la semana siguiente. Lo hacía sin ánimos, como quien escribe la lista de la compra del supermercado, algo inevitable, algo que hay que hacer cada semana y punto. Martín no se sentía mejor que su clienta, había hecho una sesión floja con Antonia y apenas había mostrado interés en ayudarla. Normalmente, él no trabajaba así, aquella mañana se sentía débil, ¿por qué?, ¿sería la historia del dentista que aun navegaba por su mente?. Debía olvidar ese acontecimiento inmediatamente, hacerse un par de análisis de sangre, tomárse un complejo vitamínico y hacer otra cita con el Dr. Iglesias, sin pensarlo dos veces. Apartó con éxito el pensamiento del dentista de su mente y se concentró, ahora sí, en su cliente.
-
Ponga en práctica las técnicas de las que hemos hablado tantas veces, no olvide hacer la lista de sus miedos diarios cada noche antes de acostarse. La semana próxima me la trae para que la analicemos.
- Sí, lo haré, pero...
Martín
temió que Antonia aprovechara la ocasión para lamentarse y le dio rápidamente un apretón de manos de despedida. Además le regaló una mirada profunda, llena de seguridad, que ni él mismo sabía de donde la había sacado.
- Todo irá bien, Antonia, tome su medicación y
esfuércese en apartar los pensamientos negativos tan pronto como aparezcan, ya verá que con un poco de paciencia, hará usted muchos progresos.
- Antonia se sintió aliviada en ese mismo instante, y esos segundos, ya fuera de tiempo
salvaron la vacía hora de terapia que quedaba olvidada.
Martín se sintió fuerte de nuevo, la perspectiva era la adecuada. Esta vez era él, el que se encontraba en el lado correcto. Allí estaba, tras el escritorio, en su sillón. Antonia
ocupaba el otro lado, en frente suyo, en la silla del cliente. Atrás quedaba en su mente la absurda perspectiva de la silla del dentista.
Antonia salió por una puerta y Marcela entró por la otra. A Martín se le había olvidado completamente que esa mujer tan directa, incluso agresiva, era la segunda cita de esa mañana. Martín pensó que hoy no era día para los
jueguecitos de Marcela.
- Buenos días, Martín, ¿qué tal?, ¡oh!, ya veo que
el fin de semana no ha sido redondo pues tiene usted mala cara. ¿Es por el dolor de muelas? o...¿quizá ha tenido bronca en casa esta mañana?. Está usted hoy muy pálido y esa camisa amarilla no le favorece mucho, yo creo que debería...
- Buenos días Marcela – La
cortó Martín con decisión, tomando así las riendas de la situación – Por lo que veo tiene usted suficientes ánimos para los dos, así que, a pesar de mi dolor de cabeza, empezaremos la sesión sin problemas.
Marcela era morena, alta y muy atractiva; sin embargo su maquillaje excesivo y su
provocativa forma de vestir delataban su necesidad de sentirse admirada en todo momento. Marcela jugaba con los hombres, con todos, y él no era una excepción. Los trastornos en la alimentación la habían llevado hasta él. En su afán de ser perfecta había dejado de comer de forma normal, y su figura esbelta de curvas se estaba convirtiendo, poco a poco, en un saco de huesos. Marcela lo había provocado desde el primer día, llegó a su consulta disfrazada de agresividad con miedo a destapar sus debilidades y su sencillez, temiendo una posible derrota.


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